martes, 14 de enero de 2014

Mi primer y último día

Después de un agobiante viaje bajo la pertinaz lluvia llego puntualmente a mi nuevo lugar de trabajo. Tras pasar el control de barrera, y esperar un buen rato en las oficinas centrales. Nos hacen pasar a una sala donde nos proyectan un corto nominado al Goya a la mejor autofelación realizada por una empresa. 
A continuación, meten de relleno alguna información irrelevante sobre seguridad y prevención de accidentes en el almacén. Estos son los típicos vídeos que le ponen a uno cuando empieza a trabajar en un sitio y piensa: «Wow, qué profesionalidad, qué bien está pensado todo, esto en mi última empresa no pasaba porque eran tercermundistas...» La realidad es que si el mismo vídeo se lo ponen a un grupo de personas que llevan varios años trabajando ahí, empiezan las risitas a escondidas y los comentarios jocosos entre dientes tipo «sí, claro» o «espera que me descojono». Por muy bien que se intenten hacer las cosas, la realidad e que en todas partes cuecen habas.

No sé si la intención era acojonarnos o meternos el miedo en el cuerpo, pero lo consiguen cuando en cierto momento hablan sobre la posibilidad de morir en el puesto de trabajo, mostrándonos unos gráficos con las bajas de años anteriores, y las bajas que tienen como objetivo. Pirámides, números, etc, echo en falta aquellos vídeos de carretillas elevadoras de los años 70. El responsable de seguridad, tras el vídeo, nos aclara algunas dudas: 

– El año pasado tuvimos 2 bajas y este año nuestro objetivo es tener una...
– El objetivo debería ser ninguna... ¿no? – objeto yo.
– No, el objetivo es UNA baja.

Dejo de insistir ante su aviesa mirada, pero tomo nota mentalmente para vigilar mis espaldas, no sea que me seleccionen para ser el objetivo del año. En mi mente más calenturienta me imagino el almacén como una especie de juego a lo Running Man, en el que el objetivo debe correr para salvar su vida.

Bien, todo iba bien hasta ese momento, en el cual estaban a punto de darnos la ropa de trabajo cuando me avisan de que llame a la ETT porque me quieren decir algo. Así que me dejan solo en medio del pasillo de la oficina y llamo a la ETT, la cual me dice que ha habido un error: lo-sentimos-mucho-pero-no-deberías-haber-entrado-hoy. Suputamadre. Después del corte inicial, le pido algún tipo de explicaciones pero me dice que no me las puede dar porque no las tiene... En fin, Serafin, cuelgo y ante la impotencia de no saber qué hacer, me quedo allí sólo, en la oficina, pensativo.

Al rato cojo un extintor de polvo que hay en una pared del pasillo y me dirijo al despacho del responsable de Recursos Humanos. Su rostro de sorpresa pronto queda desfigurado bajo el golpe seco del extintor, que hace que le salten varios dientes. Un segundo golpe y se desploma hacia atrás en su silla. Quito la anilla de seguridad y aprieto la manilla apuntando cuidadosamente con la manguera a una distancia de 1 metro del cuerpo yaciente del de Recursos, hasta que un chorro de polvo blanco cubre su cuerpo ensangrentado convirtiéndolo en un enorme filete de lomo rebozado. Podrán decir que tuve un brote psicótico, una enajenación mental, que estaba como un cencerro, podrán decir lo que sea, pero lo que no podrán decir es que no estuve atento al vídeo de prevención laboral: así se usa un extintor.


Bah, ¿a quién quiero engañar? En realidad me fui a casa.

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