Hoy hablaremos del cútter, esa herramienta indispensable que un mozo de almacén debe guardar siempre a buen recaudo. Tanto da que nuestro cútter haya sido comprado en el carreful o haya sido forjado por Celebrimbor con sus artes élficas, el cútter es un utensilio que tiene un promedio de vida de 2 días. No importa el cuidado con el que lo manejemos, no importa el celo con que lo guardemos, porque en el momento más oportuno, la hoja saltará volando por los aires, con cierto peligro para nuestros ojos, o bien, sucumbirá al olvido cayendo inevitablemente en alguno de esos múltiples triángulos de las bermudas que nos rodean, y que conectan nuestro mundo con un mundo paralelo repleto de calcetines desparejados y alambres de pan Bimbo.
El cútter, para el que no lo conozca, es un instrumento compuesto por un mango acanalado, en cuyo interior va colocada una hoja muy afilada (al principio) dividida en segmentos para facilitar su rotura en caso de que la punta se haya desafilado, lo que ocurre con extrema facilidad.
Hay 2 tipos de cútter: el nuevo y el viejo. El nuevo se caracteriza porque sólo lo vemos cuando lo sacamos de su envoltorio, reluciente, afiladísimo, y con gran reverencia, lo exhibimos a nuestros compañeros. Pasado un plazo máximo de dos días, desaparece. El viejo es ese cútter que reaparece después de mucho tiempo, metido en un bote para bolígrafos, con la hoja mellada, sin filo y oxidada. Es el cútter que nunca desaparece porque nadie lo usa ni nadie lo quiere. Es indestructible, es letal, ya que cortarse con él, aunque difícil por su falta de filo, causa automáticamente el tetanos. Se dice que hay gente que ha contraído el tetanos simplemente por acercarse a menos de medio metro de un cútter resabiado.
Hay cútters delgados y cútters gordos. Normalmente, los gordos pertenecen al encargado, son muy codiciados pero no por ello eluden las Leyes Básicas del Cútter. Los delgados son la herramienta de la plebe, endebles, enfermizos, el sólo hecho de sacarlos del envoltorio da miedo por si se rompe.
El cútter, debéis saber, amigos, es indispensable para el trabajo diario, nos facilita la tarea de cortar flejes, abrir cajas, etc. También nos permite, según el almacén en donde trabajemos, cargarnos parte del material que contienen las cajas. Es por eso que hay que manejar el cútter con la precisión de un cirujano en muchos casos. Y eso es una habilidad que un mozo de almacén sólo consigue con el tiempo.
Recordad, compañeros, no importa como protejáis vuestros cútters, ponedles candado, GPS o una alarma antirrobo, da igual, el destino del cútter es inexorable, y nada podréis hacer por cambiarlo.














