sábado, 28 de abril de 2012

Corporativismo


corporativismo.1. m. Doctrina política y social que propugna la intervención del Estado en la solución de los conflictos de orden laboral, mediante la creación de corporaciones profesionales que agrupen a trabajadores y empresarios.2. m. En un grupo o sector profesional, tendencia abusiva a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses del cuerpo.


Para decirlo con palabras más sencillas, el corporativismo es cuánto es capaz uno de dar de sí mismo para  la empresa en la que trabaja. Esto se puede definir en varios niveles y depende tanto del trabajador como de la empresa. Estaréis de acuerdo conmigo en que depende en mayor proporción de la empresa. Así es, todos los que leéis esto supongo que habréis trabajado alguna vez por cuenta ajena, y según cómo se ha portado la empresa con vosotros habréis estado más a gusto o no, y si ese nivel de bienestar ha sido alto, habréis ido a trabajar mas felices y habréis rendido más. Es de cajón, que si una empresa trata bien a sus trabajadores, éstos van a trabajar más agusto y van a rendir más. Pero esto es algo que muy pocas empresas entienden, entre ellas la mía.

Pero como dije, en esto hay niveles, y personas que llegan a los extremos. Podríamos situar en lo alto de esta escala de corporativismo al típico trabajador que se piensa que la empresa es suya. En todos los sitios donde he trabajado hay un ejemplar de esta especie. Se le reconoce porque siempre está ojo avizor para detectar posibles fallos o vigilar los fallos de otros compañeros.

En mi almacén (nótese mi nivel de corporativismo cuando digo mi almacén), tenemos a Monchito. Monchito tiene el tamaño de un click de Famobil, pero moriría por la empresa. A lo mejor cuando empezó, era alto, y el darlo todo por la empresa le ha ido menguando. Lleva trabajando en ella cerca de 40 años, lo cual facilita el hecho de que piense que es su empresa, o por lo menos, que piense que es su madre. Como la impronta en los patitos que siguen unas botas si son lo primero que ven al salir del cascarón. 


En el otro extremo, al final de la escala, tenemos a ese trabajador que pasa de todo, que no levanta un papel del suelo. Si falta un pedido no pasa nada, llega tarde, se va el primero, no le importa absolutamente nada ni siente curiosidad por cómo funciona la empresa o cómo podría mejorar su trabajo. Su frase más repetida es: "total, para lo que me pagan...". Estos tipos suelen ser jóvenes y reemplazos de verano. Y tienen suerte si llegan al final de él. En mi almacén, el que más se acerca a este perfil es Pinueve, mi "compañero" de trabajo en el almacén, que tiene unos huevos tan grandes como si le hubiesen picado mil avispas. Ya hablaré de él en un futuro.

Por mi parte, debo confesar que estoy en un término medio tirando a alto. Siempre ha sido así en cualquier empresa donde he estado, la mayoría de las veces doy más de mi mismo que lo que me da la empresa, por eso debo reconocer que soy también un poco gilipollas. Pero es que yo soy así. Y eso tiene su lado bueno, porque te valoran, los jefes saben quién trabaja y quién no, y aunque nunca te lo reconocerán, te valoran si eres de los que dan el callo, y eso a la larga es bueno.

Para terminar, la reflexión a todo esto, es que siempre hay que elegir el término medio. No se puede entrar a trabajar a una empresa y sacarle brillo al pasamanos cada día (salvo que trabajes en Google, jeje), ni tampoco es aconsejable el pasar de todo, porque eso va a repercutir en tu futuro laboral, y más aún en estos tiempos, en los que hay que agarrarse a un clavo ardiendo.

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