lunes, 20 de enero de 2014

El cútter y su destino inexorable

Hoy hablaremos del cútter, esa herramienta indispensable que un mozo de almacén debe guardar siempre a buen recaudo. Tanto da que nuestro cútter haya sido comprado en el carreful o haya sido forjado por Celebrimbor con sus artes élficas, el cútter es un utensilio que tiene un promedio de vida de 2 días. No importa el cuidado con el que lo manejemos, no importa el celo con que lo guardemos, porque en el momento más oportuno, la hoja saltará volando por los aires, con cierto peligro para nuestros ojos, o bien, sucumbirá al olvido cayendo inevitablemente en alguno de esos múltiples triángulos de las bermudas que nos rodean, y que conectan nuestro mundo con un mundo paralelo repleto de calcetines desparejados y alambres de pan Bimbo.

El cútter, para el que no lo conozca, es un instrumento compuesto por un mango acanalado, en cuyo interior va colocada una hoja muy afilada (al principio) dividida en segmentos para facilitar su rotura en caso de que la punta se haya desafilado, lo que ocurre con extrema facilidad. 

Hay 2 tipos de cútter: el nuevo y el viejo. El nuevo se caracteriza porque sólo lo vemos cuando lo sacamos de su envoltorio, reluciente, afiladísimo, y con gran reverencia, lo exhibimos a nuestros compañeros. Pasado un plazo máximo de dos días, desaparece. El viejo es ese cútter que reaparece después de mucho tiempo, metido en un bote para bolígrafos, con la hoja mellada, sin filo y oxidada. Es el cútter que nunca desaparece porque nadie lo usa ni nadie lo quiere. Es indestructible, es letal, ya que cortarse con él, aunque difícil por su falta de filo, causa automáticamente el tetanos. Se dice que hay gente que ha contraído el tetanos simplemente por acercarse a menos de medio metro de un cútter resabiado.

Hay cútters delgados y cútters gordos. Normalmente, los gordos pertenecen al encargado, son muy codiciados pero no por ello eluden las Leyes Básicas del Cútter. Los delgados son la herramienta de la plebe, endebles, enfermizos, el sólo hecho de sacarlos del envoltorio da miedo por si se rompe.

El cútter, debéis saber, amigos, es indispensable para el trabajo diario, nos facilita la tarea de cortar flejes, abrir cajas, etc. También nos permite, según el almacén en donde trabajemos, cargarnos parte del material que contienen las cajas. Es por eso que hay que manejar el cútter con la precisión de un cirujano en muchos casos. Y eso es una habilidad que un mozo de almacén sólo consigue con el tiempo. 

Recordad, compañeros, no importa como protejáis vuestros cútters, ponedles candado, GPS o una alarma antirrobo, da igual, el destino del cútter es inexorable, y nada podréis hacer por cambiarlo.

martes, 14 de enero de 2014

Mi primer y último día

Después de un agobiante viaje bajo la pertinaz lluvia llego puntualmente a mi nuevo lugar de trabajo. Tras pasar el control de barrera, y esperar un buen rato en las oficinas centrales. Nos hacen pasar a una sala donde nos proyectan un corto nominado al Goya a la mejor autofelación realizada por una empresa. 
A continuación, meten de relleno alguna información irrelevante sobre seguridad y prevención de accidentes en el almacén. Estos son los típicos vídeos que le ponen a uno cuando empieza a trabajar en un sitio y piensa: «Wow, qué profesionalidad, qué bien está pensado todo, esto en mi última empresa no pasaba porque eran tercermundistas...» La realidad es que si el mismo vídeo se lo ponen a un grupo de personas que llevan varios años trabajando ahí, empiezan las risitas a escondidas y los comentarios jocosos entre dientes tipo «sí, claro» o «espera que me descojono». Por muy bien que se intenten hacer las cosas, la realidad e que en todas partes cuecen habas.

No sé si la intención era acojonarnos o meternos el miedo en el cuerpo, pero lo consiguen cuando en cierto momento hablan sobre la posibilidad de morir en el puesto de trabajo, mostrándonos unos gráficos con las bajas de años anteriores, y las bajas que tienen como objetivo. Pirámides, números, etc, echo en falta aquellos vídeos de carretillas elevadoras de los años 70. El responsable de seguridad, tras el vídeo, nos aclara algunas dudas: 

– El año pasado tuvimos 2 bajas y este año nuestro objetivo es tener una...
– El objetivo debería ser ninguna... ¿no? – objeto yo.
– No, el objetivo es UNA baja.

Dejo de insistir ante su aviesa mirada, pero tomo nota mentalmente para vigilar mis espaldas, no sea que me seleccionen para ser el objetivo del año. En mi mente más calenturienta me imagino el almacén como una especie de juego a lo Running Man, en el que el objetivo debe correr para salvar su vida.

Bien, todo iba bien hasta ese momento, en el cual estaban a punto de darnos la ropa de trabajo cuando me avisan de que llame a la ETT porque me quieren decir algo. Así que me dejan solo en medio del pasillo de la oficina y llamo a la ETT, la cual me dice que ha habido un error: lo-sentimos-mucho-pero-no-deberías-haber-entrado-hoy. Suputamadre. Después del corte inicial, le pido algún tipo de explicaciones pero me dice que no me las puede dar porque no las tiene... En fin, Serafin, cuelgo y ante la impotencia de no saber qué hacer, me quedo allí sólo, en la oficina, pensativo.

Al rato cojo un extintor de polvo que hay en una pared del pasillo y me dirijo al despacho del responsable de Recursos Humanos. Su rostro de sorpresa pronto queda desfigurado bajo el golpe seco del extintor, que hace que le salten varios dientes. Un segundo golpe y se desploma hacia atrás en su silla. Quito la anilla de seguridad y aprieto la manilla apuntando cuidadosamente con la manguera a una distancia de 1 metro del cuerpo yaciente del de Recursos, hasta que un chorro de polvo blanco cubre su cuerpo ensangrentado convirtiéndolo en un enorme filete de lomo rebozado. Podrán decir que tuve un brote psicótico, una enajenación mental, que estaba como un cencerro, podrán decir lo que sea, pero lo que no podrán decir es que no estuve atento al vídeo de prevención laboral: así se usa un extintor.


Bah, ¿a quién quiero engañar? En realidad me fui a casa.

sábado, 11 de enero de 2014

Estoy de vuelta

Tras quedarme en paro en mayo pasado, pensé que mi aventura almacenera llegaba a su fin. Seguí buscando algo relacionado con lo mío, sin resultado. La cosa pintaba muy mal, aunque de momento estaba tranquilo, ya que tenía 2 años de prestación.
Durante estos 8 meses he tenido la ocasión de sacarme el carnet oficial de carretillero, ya que hasta el momento tenía una especie de certificado de mi ex-empresa que no me valía para otros sitios. El carnet de carretillero es el típico carnet que todos te piden cuando no lo tienes, y que cuando lo tienes nadie te lo pide.
También hice algo que me llena de orgullo y satisfacción, y es volver a estudiar y completar los estudios que abandoné cuando era un joven descerebrado que sólo quería trabajar para tener dinero que gastar.
Así que tras 24 años de parón, he vuelto al instituto. Y la cosa ha ido muy bien, al menos en la primera evaluación, llevando a casa una buena colección de sobresalientes y notables. Ahora tendré que compaginar los estudios con el trabajo, veremos qué tal se me da. 

Así que, seguidores míos, a partir del martes empezaré a contaros qué tal me va en este nuevo trabajo.

lunes, 13 de mayo de 2013

El almacén como refugio postapocalíptico

Me encantan las pelis de zombis. En general, me gustan todas aquellas pelis que muestran un futuro post-apocalíptico o distópico, pero por alguna razón que enseguida analizaré, me quedo con los zombis. No es por las escenas de violencia extrema o porque me encanten los festines de vísceras, sino porque presentan una situación que bien podría darse cualquier día de un futuro medio lejano y no le damos la importancia que tiene. La ciencia avanza a veces tan rápido que no podemos controlarla, y quizá llegue el día en que una amenaza en forma de virus supercontagioso fuese capaz de volvernos como perros rabiosos y crease una situación de caos total que los gobiernos no serían capaces de controlar. Me gustan ese tipo de pelis porque más allá de la descarga de adrenalina, me hacen pensar en qué es lo que yo haría en una situación de ese tipo. Dónde iría, cómo me defendería y como conseguiría sobrevivir. Y dado que paso una cuarta parte del día en el almacén, no sería de extrañar que este apocalipsis zombi me tocase cuando estoy trabajando.

He aquí el germen de esta entrada donde voy a explicar que haría y que podría ocurrir de presentarse tan nefasto incidente un día laboral cualquiera.

En primer lugar, para ser precisos, hay que conocer cómo se desarrollarían los hechos. Hay muchas (algunas muy buenas) novelas que narran este hecho con todo tipo de detalles. Todas las que he leído, coinciden en que hay un tiempo más o menos largo entre el primer contagio y la situación de caos total. Puede variar entre unos pocos días (dependiendo de dónde esté el foco de contagio) a más o menos un mes. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que es una situación que prácticamente no te va a pillar por sorpresa un día cualquiera en el trabajo. Quien más, quien menos, tiene acceso a Internet en casa, en el trabajo o en la calle, y quien no tiene acceso, conoce a alguien que sí lo tiene y puede avisarle de que algo está pasando. Menciono Internet porque las televisiones normalmente son controladas por el gobierno, que suelen ser bastante amigas de querer ocultar sucesos que puedan llevar al pánico, al caos y al pillaje. Gracias a Internet y las redes sociales, es posible llegar a determinado tipo de información de primera mano que no podemos obtener de los medios tradicionales como prensa, radio o televisión.

Bien, como ya he dicho antes, el caos total se ve venir con algunos días de antelación, y es posible que para cuando llegue ese momento ya no puedas realizar una vida normal y ni siquiera puedas acudir al trabajo. Por lo tanto, sólo queda la opción de que puedas acceder a tu almacén aún cuando esté cerrado, bien porque tengas llaves o porque conozcas alguna entrada secreta al estilo Mortadelo y Filemón.
En mi caso particular, poseo llaves y mando a distancia. Ya que por la naturaleza de mi trabajo tengo que abrir por las mañanas. No sería un problema para mi refugiarme en él, dado que además, vivo bastante cerca y no necesitaría usar medios de transporte.

Hay una serie de factores a tener en cuenta para que tu almacén pueda ser utilizado como refugio anti zombis.

1. Seguridad.
- El primer factor es que el sitio sea seguro. Seguro para que no puedan entrar zombis, y seguro para que tampoco puedan entrar personas a las que tú no has autorizado. Lo ideal es que el almacén tuviese una verja exterior que rodease el edificio, una verja lo suficientemente fuerte para soportar la presión de decenas de muertos vivientes que por alguna hambrienta razón quisiesen entrar al almacén. En condiciones normales se valoraría que estuviese electrificada, o hubiese cámaras de seguridad que permitiesen observar el exterior, pero no sabemos durante cuanto tiempo habrá electricidad, por lo que sería bueno que tanto las verjas como las puertas del edificio tuviesen un mecanismo manual de apertura. Quién sabe, pero a lo mejor pudiera llegar el momento de tener que salir con un vehículo a por provisiones o medicinas y verte imposibilitado de salir porque el portón de entrada sólo funciona con electricidad...

2. Abastecimiento.
- Que el almacén esté especializado en el ramo de la alimentación puede ser tanto un punto a favor como en contra. El punto positivo, lógicamente, es que vas a tener reservas de alimento durante bastante tiempo, siempre que haya productos que no necesiten refrigeración. Los almacenes repletos de latas de conserva y similares podrían abastecerte a ti y a tu grupo durante años. El punto en contra es que este tipo de almacenes pueden ser un objetivo prioritario para grupos nómadas que necesiten abastecimiento de víveres. Por ello hay que hacer hincapié en el primer punto, mencionado anteriormente, y proteger tu almacén de posibles ataques de grupos armados, que podrían ser incluso más peligrosos que los propios zombis.
En este caso el primer paso sería hacer desaparecer cualquier rótulo o cartel que pudiera indicar a qué se dedicaba tu almacén en tiempos mejores. Es una buena idea hacer desaparecer cualquier indicio o pista que informe a supuestos visitantes de que tu almacén está repleto de comida.

Hasta ahora sólo hemos mencionado la comida, que sin duda, es importante para sobrevivir, pero más importante si cabe, es el agua. Normalmente cualquier empresa disfrutará de agua corriente sin problemas pero no podemos permitir que nuestro futuro acuífero dependa de ello. Es muy probable que en tiempos de caos, el suministro de agua se corte o que incluso quede infectada por los muertos vivientes, haciendo imposible su consumo, por lo que las reservas de agua es algo que debemos tener en cuenta lo antes posible. Procuraremos llenar el máximo número de recipientes posible con el agua corriente mientras todavía tengamos suministro. Si tenemos la suerte de que el almacén se dedicaba a la alimentación, seguramente tendremos botellas de agua para un largo periodo. En caso contrario vaciaremos y/o usaremos cualquier envases que tengamos a mano para almacenar agua. Podría darse el caso de trabajar en un almacén de envases de plástico, lo cual sería perfecto para abastecernos de agua, sin embargo habría que buscar la comida en otra parte.
En lo que me concierne a mi, el almacén donde trabajo posee tanto alimentos como envases para poder almacenar agua. Sí, lo sé, tengo una suerte cojonuda...

3. Refugio mental.
- La parte que menos importante puede parecer es la posibilidad de establecer un lugar donde descansar y estar a salvo tanto de la amenaza zombi/humana (tanto exterior como interior) como de las inclemencias del tiempo. De nada sirve esconderse en un agujero repleto de comida y agua si no podemos dormir con la seguridad de despertarnos un día sin que un zombi esté desayunándose nuestra pierna o que un compañero se haya encaprichado de nuestras provisiones o que haya tanta humedad que nos empiecen a salir agallas.

El factor psicológico es importantísimo si queremos sobrevivir durante largo tiempo y no volvernos locos.

Hay que tomar precauciones en nuestro refugio y estar prevenidos ante cualquier sospecha de que uno de nuestros compañeros haya sido mordido o empiece a albergar instintos homicidas debido a la carencia de alimentos o agua. Pero a la vez sin caer en paranoias. Procuraremos mantener la mente ocupada ideando formas de conseguir alimento, agua, medicinas, o incluso trazando planes para un posible ataque del exterior o una huida en caso de que todo se desmorone. Nunca daremos nada por sentado. Todo lo que poseemos podría desaparecer en cualquier momento y debemos estar preparados para cualquier contingente. Cualquier problema al que nos enfrentemos será más fácil de solucionar si previamente hemos sopesado todas las posibilidades.

4. Comunicaciones
- Es un factor que echaremos en falta rápidamente, ya que las comunicaciones desde los primeros momentos del caos serán... caóticas, lógicamente. Las noticias serán confusas, al principio, como dije, se intentará ocultar, desde los medios tradicionales,  todo lo relativo al contagio para no crear alarma social, pero las redes sociales serán un hervidero de información, de rumores y bulos, creando una situación insostenible que no tendrá más remedio que salir a la luz, y llegado el momento, cuando ya sea demasiado tarde, los gobiernos intentarán establecer puntos seguros, y es entonces cuando los medios tradicionales irán cayendo, primero la prensa escrita, luego la televisión, y por último las radios se convertirán en estaciones de llamamiento donde sólo se escucharán grabaciones periódicas con información para acudir a puntos seguros o consejos para sobrevivir a la horda zombi. Internet se irá apagando poco a poco conforme el suministro eléctrico desaparezca. Será el fin de las comunicaciones. Tan sólo quedarán en el aire las emisoras de radio-aficionados que hayan podido sobrevivir en algunos asentamientos o refugios. Si tienes la posibilidad de conseguir uno de estos equipos y sabes cómo utilizarlo, con suerte podrás comunicarte con grupos aislados y conseguir algo de información del exterior, que nunca viene mal.

5. Armamento
- En España y en la gran mayoría de países comunitarios el acceso a las armas de fuego está muchísimo más restringido que en E.E.U.U, donde es habitual que cualquier ciudadano posea rifles, escopetas, revólveres o incluso armas semiautomáticas. Aquí, aparte de los agentes del cuerpo de policía, como mucho encontrarás a alguien con una escopeta de caza que no es la mejor opción si quieres dedicarte a machacar zombis. Este tipo de armas disparan perdigones de escaso calibre que se expanden en un radio amplio, haciendo muy difícil destrozar el cerebro de un no-muerto. Las tiendas de armas no proliferan y te será difícil, si no imposible, hacerte con una buena arma de fuego. La mejor opción son las armas blancas, o las ballestas, que requieren menos destreza que los arcos. Estos dos tipos de armas te serán más fáciles de encontrar, ya que a menudo se pueden encontrar en tiendas de deporte. Las armas blancas tienen además la ventaja de que no necesitan munición; una piedra de afilar bastará para tenerlas siempre a punto para cortar cabezas.
En todo caso, siempre podrás usar herramientas o incluso fabricar tus propias armas. En cualquier almacén puedes encontrar herramientas básicas como martillos o sierras, y con un poco de imaginación, podrás fabricarte un garrote con maderas de palet, tubos o partes de estanterías.

 
Bueno, pues hasta aquí los factores determinantes a tener en cuenta frente a un apocalipsis zombi. Lee esto con mucha atención y sopesa las posibilidades que te ofrece tu entorno. Tal vez falte mucho tiempo para que llegue el momento de poner esto en práctica, pero tarde o temprano, ese día llegará... y nunca podrás decir que el Mozo de Almacén no te avisó...


sábado, 28 de abril de 2012

Corporativismo


corporativismo.1. m. Doctrina política y social que propugna la intervención del Estado en la solución de los conflictos de orden laboral, mediante la creación de corporaciones profesionales que agrupen a trabajadores y empresarios.2. m. En un grupo o sector profesional, tendencia abusiva a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses del cuerpo.


Para decirlo con palabras más sencillas, el corporativismo es cuánto es capaz uno de dar de sí mismo para  la empresa en la que trabaja. Esto se puede definir en varios niveles y depende tanto del trabajador como de la empresa. Estaréis de acuerdo conmigo en que depende en mayor proporción de la empresa. Así es, todos los que leéis esto supongo que habréis trabajado alguna vez por cuenta ajena, y según cómo se ha portado la empresa con vosotros habréis estado más a gusto o no, y si ese nivel de bienestar ha sido alto, habréis ido a trabajar mas felices y habréis rendido más. Es de cajón, que si una empresa trata bien a sus trabajadores, éstos van a trabajar más agusto y van a rendir más. Pero esto es algo que muy pocas empresas entienden, entre ellas la mía.

Pero como dije, en esto hay niveles, y personas que llegan a los extremos. Podríamos situar en lo alto de esta escala de corporativismo al típico trabajador que se piensa que la empresa es suya. En todos los sitios donde he trabajado hay un ejemplar de esta especie. Se le reconoce porque siempre está ojo avizor para detectar posibles fallos o vigilar los fallos de otros compañeros.

En mi almacén (nótese mi nivel de corporativismo cuando digo mi almacén), tenemos a Monchito. Monchito tiene el tamaño de un click de Famobil, pero moriría por la empresa. A lo mejor cuando empezó, era alto, y el darlo todo por la empresa le ha ido menguando. Lleva trabajando en ella cerca de 40 años, lo cual facilita el hecho de que piense que es su empresa, o por lo menos, que piense que es su madre. Como la impronta en los patitos que siguen unas botas si son lo primero que ven al salir del cascarón. 


En el otro extremo, al final de la escala, tenemos a ese trabajador que pasa de todo, que no levanta un papel del suelo. Si falta un pedido no pasa nada, llega tarde, se va el primero, no le importa absolutamente nada ni siente curiosidad por cómo funciona la empresa o cómo podría mejorar su trabajo. Su frase más repetida es: "total, para lo que me pagan...". Estos tipos suelen ser jóvenes y reemplazos de verano. Y tienen suerte si llegan al final de él. En mi almacén, el que más se acerca a este perfil es Pinueve, mi "compañero" de trabajo en el almacén, que tiene unos huevos tan grandes como si le hubiesen picado mil avispas. Ya hablaré de él en un futuro.

Por mi parte, debo confesar que estoy en un término medio tirando a alto. Siempre ha sido así en cualquier empresa donde he estado, la mayoría de las veces doy más de mi mismo que lo que me da la empresa, por eso debo reconocer que soy también un poco gilipollas. Pero es que yo soy así. Y eso tiene su lado bueno, porque te valoran, los jefes saben quién trabaja y quién no, y aunque nunca te lo reconocerán, te valoran si eres de los que dan el callo, y eso a la larga es bueno.

Para terminar, la reflexión a todo esto, es que siempre hay que elegir el término medio. No se puede entrar a trabajar a una empresa y sacarle brillo al pasamanos cada día (salvo que trabajes en Google, jeje), ni tampoco es aconsejable el pasar de todo, porque eso va a repercutir en tu futuro laboral, y más aún en estos tiempos, en los que hay que agarrarse a un clavo ardiendo.

viernes, 27 de abril de 2012

Las Leyes de Murphy del Almacén

Supongo que todos conocéis las Leyes de Murphy y sus corolarios, aquellas cuya principal ley era la de que si algo puede salir mal, saldrá mal o la famosa sentencia de la tostada que siempre cae del lado de la mantequilla. Pues bien, dentro de un almacén estas leyes no escapan a su universalidad, es más, habitan en su propio nicho ecológico y mutan y se reproducen en diversas leyes y sus corolarios que a continuación os voy a presentar. Veamos:

LEYES DE MURPHY DEL ALMACÉN


  1. «Si un producto del estante está a punto de agotarse, todos los clientes lo incluirán en su pedido.»
    Corolario:
    1. "El producto a punto de agotarse tendría que haber llegado ayer»
  2. «Si tienes que bajar un palet de un estante, seguro que hay algo estorbando justo delante que tendrás que apartar»
    Corolario:
    1. "Probablemente el estorbo lo hayas colocado tú 5 minutos antes"
  3. « Puedes pasarte toda la mañana sin parar de trabajar, pero al minuto de sentarte siempre te pilla un jefe»
    Corolario:
    1. La probabilidad de que te pillen crecerá si estás haciendo algo indebido.
       
  4. «Cuando necesitas urgentemente una transpaleta siempre está en el lado más alejado del almacén»
    Corolario: 
    1. "La probabilidad de encontrarse alejada crece en proporción a la urgencia de su uso"«Si a un conductor le falta un pedido, siempre le faltará el que más lineas tiene"
  5. «Si a un conductor le falta un pedido, siempre le faltará el que más lineas tiene»
    Corolario:
    1. "El número de lineas del pedido será directamente proporcional a la prisa que tenga el conductor"
  6. «Si en el pedido incluyen un material que viene en paquetes envueltos en celofán, siempre pedirán 1 unidad menos de las unidades que trae el paquete»
    Corolario:
    1. "Si para agilizar la puesta de pedidos, has abierto los paquetes para tener las unidades sueltas, entonces pedirán el número de unidades que contenía el paquete"
  7. «Si una maquina tiene posibilidad de fallar, fallará, pero lo hará en el momento más crítico»
    Corolario:
    1. "La probabilidad de fallo es inversamente proporcional al tiempo que falta para terminar la tarea"
  8. «Un palet siempre tiende más a caerse cuando lleva objetos frágiles»
    Corolarios:
    1. Si encima de frágiles llevan líquido en su interior, la tendencia a caer tiende a infinito.
    2. La probabilidad de que se te caiga aumenta en presencia de jefes
    3. El esfuerzo para evitar que el palet caiga provocará un desastre mucho mayor que dejarlo caer.
  9. «Por muchos inventarios que se hacen, al día siguiente siempre falta algo»
  10. «Nadie te necesita ni te busca hasta que te vas al baño a fumar»
    Corolario:
    1. "Siempre que necesites a alguien urgentemente, no lo encontrarás"
Espero que os hayan gustado y os agradecería que comentaseis si en vuestro almacén se cumplen estas leyes, así como sugerir las que no aparezcan, que seguro que habrá más. 


jueves, 19 de abril de 2012

Maestros de la transpaleta

Al hilo de la entrada anterior, os dejo un video de la serie "Cómo manejar una transpaleta" o "Como hacer que exploten los nervios de tu jefe"





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